Es para mí una alegría tener constancia de que esta novelilla está siendo seguida y leída por vosotros. Gracias a todos de corazón por dejarme compartir esta obra donde he querido plasmar mis vivencias como maestro en una historia sobre la importancia de la lectura. Mil gracias.
CAPITULO XVIII
Como comentaba antes, dentro de los expertos encontramos a los delegados de clase. Dejamos a un lado al delegado principal, ese según lo haya hecho en los años anteriores, normalmente sale reelegido, deja el cargo y no se presenta más, o intenta que votemos todos a alguno de sus amigos o amigas y así tener casi el poder. Yo hablo de los delegados de deportes y cultura.
En mi colegio el deporte se fomenta mucho al igual que la cultura.
Como ya comenté la liga de fútbol de Primaria es fruto de nuestra insistencia por este deporte. En cuanto a la cultura, destacan los momentos fuertes del curso: el adornar la clase, la preparación de las fiestas de Navidad, las carteleras y murales de todas las celebraciones del colegio.
Quizá en otras clases no haya surgido así, pero en la mía los delegados de cultura y deportes que se han votado siempre han sido los que mejor se les daba el fútbol y la pintura o los trabajos manuales. Las elecciones al consejo de curso son para nosotros algo especial, conllevan una popularidad añadida dentro de la clase. Las semanas previas ya se ven a muchos hablar entre ellos y comentar que si se van a presentar a delegado, que si el del año pasado nos apuntaba siempre en la pizarra y borraba a sus amiguitos, que si otro a deportes para elegir a los buenos para el juego de bandera y voleibol, que si para delegado de cultura tendríamos que votar a zutanita que pinta genial y podría adornarnos la clase, etc. Son multitud de conversaciones, comentarios, rumores que a la entrada, a la salida y en el recreo se reproducen una y otra vez.
En este curso yo particularmente estoy muy contento con los que han salido. Lo están haciendo francamente bien además que siempre han sabido afrontar las cosas con calma, sin desesperarse.
Nuestro tutor nos ha ayudado mucho la verdad. Aprovechábamos la hora de tutoría los viernes después del recreo e íbamos organizando todo. Con el delegado de cultura los adornos de Navidad, el árbol, los que se encargaban de las letras para poner frases decorando… Todo nos fue saliendo muy bien, incluso ganamos el concurso de Belenes del tercer ciclo. A una compañera se le ocurrió montar el Belén con figuritas hechas a partir de cáscaras de huevo. Las fuimos vistiendo con tela, poniéndole detalles con plastilina y al final quedaron geniales. Fabricamos casas con cajas de medicamentos, pintamos con témperas todo y al final Primer Premio, nos hicieron una foto a todos y salió nuestro Belén en la revista mensual del colegio El patio.
El delegado de deportes también se lo ha currado muchísimo. No ha habido ninguna queja de nadie, cada uno hemos ido practicando varios deportes y cuando ha habido alguna competición con motivo de las fiestas del colegio todo ha salido de rechupete. De hecho también hemos sido afortunados pues hemos ganado varias competiciones a lo largo del curso. La más destacada es la archinombrada ya Liga de Fútbol de Primaria. El año pasado estando en quinto curso, conseguimos todo un logro, llegar a disputar la final con la clase de sexto c toda una máquina de jugar, estaban muchos de los que juegan a fútbol sala federado en el equipo del colegio y eso se notaba mucho. Nosotros tenemos en nuestra clase a dos compañeros que juegan muy bien, los demás aportamos nuestro granito de arena y este año ya siendo de los grandes hemos conseguido la Liga. Los ganadores nos iremos un día a la piscina como premio.
Bueno os estaba hablando de los distintos expertos y me he emocionado contando los logros y aventuras de mi clase en este curso. Pues como contaba que también los hay especialistas en las distintas materias. Es impresionante ver como realizan el cálculo mental algunos de mi clase. Nuestro maestro nos fue orientando sobre varios truquillos fáciles de asimilar a la hora de realizar operaciones pero es digno de ver que agilidad han adquirido.
Otros en cambio sorprenden por las horas que le han dedicado al Atlas. Nuestro maestro de Cono nos ha examinado de todas las capitales de Europa y su colocación en el mapa. También de los ríos, sistemas montañosos, lagos, cabos, golfos de toda Europa. Pero unos pocos se sabían además de todo esto, los países de América del Norte, del Sur y central. También las de Asia, África y Australia. Era sorprendente ver como el maestro les preguntaba voluntariamente y acertaban a colocar el río Amazonas, el Himalaya, el gran lago Victoria, la bahía de Hudson, etc.
Es cuestión de tiempo, eso solía decirnos siempre el típico envidiosillo. Los demás nos reíamos pues continuaba diciendo:
*
Yo porque no quiero sino mejor que cualquiera de esos lo haría.
CAPITULO XIX
No salía de mi asombro escuchando las palabras de Miriam.
-Vamos haber, ¿en qué se supone que te tengo que ayudar?
-Mira, Vicente, Borja me ha metido en un buen lío. Yo no tengo nada que ver con vuestro libro y vuestra historia. El cuestionario incluía un apartado en donde preguntaba que quién creías que sería la persona más adecuada para acompañarte en caso de necesitar ayuda de otra persona. Borja, me puso a mí. No es que tenga nada en contra de él. Pero la papeleta en que me ha metido es bien gorda.
Así es que fíjate chico, me encuentro yo aquí, en este embrollo, sin comerlo ni beberlo. Es por eso que tú eres de gran ayuda para mí. Yo, a cambio voy a intentar explicarte como podemos salir de aquí. Pero es necesario unirnos, ¿me ayudarás?
-Sí – dije rápido y contundente-. Sí, claro que te ayudaré Miriam.
De nuevo la sonrisa volvió a lucir en su rostro. Yo me quedé embobadito mirándola. Era normal que pusiese su nombre Borja, ella era guapísima, aunque tenía su carácter, era evidente.
-Bueno, estoy impaciente, chica, empieza a decirme qué cosas son las necesarias para volver a la normalidad porque el colegio no es que me apasione, pero esta situación se me está haciendo muy cuesta arriba.
-Lo primero será acercarnos al solar.
Una vez que llegamos allí, nos pusimos manos a la obra. Ella me dijo que había que buscar a la altura del campo de tierra, que allí debía estar escondido un papel. Miramos de arriba abajo hasta que lo encontramos. El papel no era muy grande, medio folio más o menos. En el folio no había nada escrito. Miriam no me dijo por qué había que buscar el folio ni nada, pero yo tampoco le pregunté porque las ganas de volver a casa me hacían demasiado práctico y poco preguntón.
-¿Ahora qué hacemos, Miriam? ¿Aquí dices tú que debe poner algo? -comenté yo, algo desencantado, principalmente porque seguía sin verle el final a todo esto.
-Tranquilidad y buenos alimentos, como dice mi padre -contestó Miriam-. Ven, busquemos donde da el sol, hay que mirarlo a la luz del sol.
Nos alejamos hacia una esquina, una vez en ese rincón del campo, concretamente cerca del área pequeña de una de las porterías, entonces, Miriam acercó el papel con mucho cuidado y empezó a verse algo escrito con un color azul claro.
-¡No puede ser! –exclamé algo sorprendido.
-Sí, sí -se apresuró a afirmar Miriam-. Parece que pone algo Vicente, ¿puedes leerlo tú también?
Al principio costaba un poco pero una vez que fijabas la mirada, ya se iba aclarando más lo que estaba escrito, decía algo así:
“Entre la puerta y la entrada, la verdad será encontrada”
-¡Corre, corre, Vicente! -las palabras de Miriam, parecía indicar que estaba cerca la vuelta a casa.
Fuimos todo lo rápido posible, llegamos a donde estaría situadas las puertas del colegio.
-“Entre la puerta y la entrada”… tiene que ser aquí –exclamó Miriam-. Sí, debemos mirar bien. ¡Mira!, hay una flecha que señala a la calle, ahí, a la señal de tráfico, donde está la papelera.
Miré detrás de la señal y me encontré unos folios doblados, algo amarillos, como si el tiempo hubiese hecho mella en ellos.
-Esto debe ser lo que buscábamos.
-Sí, sí, déjame verlos -contestó sobresaltada.
¡Que brío! No esperaba una reacción así de una chica tan tranquilita como ella. No pude ver lo que ponía, simplemente vi como se le encendían los ojos de la emoción. Cogió los folios los guardó y me dijo:
-Ya está todo resuelto muchacho. Nada de esto debería haber pasado.
-¿No puedo leer lo que pone en esos folios Miriam? -pregunté yo, comido por la curiosidad.
-No sé, Vicente, quizá sea mejor que no lo leas. Tú has vivido esta experiencia, seguro que sabes sacar cosas positivas de todo esto. Ahora lo importante es que sepas valorar más las cosas y ya está. Para qué liarte más.
-No sé, me dejas con las ganas, después de todo, si consigo salir de aquí me hubiese gustado saber como lo he hecho. Porque… ¿ahora qué pasa? ¿Ya todo vuelve a la normalidad?
-Sí, sí, sólo tienes que volver a tu casa y cuando estés llegando todo será como antes, ya mañana volverás a nuestro colegio sin problemas.
-Bueno, pues encantado de conocerte Miriam, ya nos veremos por el colegio.
Me dio dos besos qué provocaron nuevamente un volcán en erupción en mis mejillas. Seguramente ella lo notaría.
-¿Cómo?, ¡ah! Sí, sí por el colegio, venga hasta pronto.
Su respuesta, a pesar de la conmoción de los besos, me dejó pillao. No sé por qué, pero algo me olía mal. Parecía como si Miriam no me hubiese contado toda la verdad. Yo, a pesar de todo, le hice caso, agaché mi cabeza y me dirigí presuroso hacia la otra calle, crucé por el paso de cebra y me marché por el camino que todas las mañanas hacía, dirección: mi casa.
Cuando estaba cruzando la esquina de la tienda de aparatos electrónicos de la calle del colegio, ya en la otra acera, escuché un grito desde lejos:
-¡Vicente, Vicente!
Volví la vista atrás y era Borja. ¡No, por Dios!¡Más líos, no, pensé para mí. Esperé a que llegara, venía sobrecogido, sudando y con la cara descompuesta.
-¿Qué pasa Borja? ¿De dónde vienes?
-¿Qué de dónde vengo?, de buscarte, de buscarte, te dije que te dieras una vuelta, no que te perdieras por ahí.
-He estado con Miriam, por cierto, ¡qué guapa es!, qué callado te lo tenías.
-¿Cómo?, ¿has estado con Miriam? ¿No la habrás ayudado a encontrar unos papeles? Dime que no, por favor…
-Ni que fuese un crimen, además tú no me has contado toda la verdad, ella me ha informado muy bien de todo, encima me prometió ayudarme y fíjate, ya está todo arreglado, vuelvo a casa. No sé que pasa contigo, pero está claro que me engañaste.
-¿Engañarte a ti?, yo no te he engañado, ella se ha aprovechado de ti para volver solita a la normalidad, ella sola, leyendo el escrito que dejó Don Ricardo para ti, se lo conté yo. Además, ha hecho lo que quería, dejarme a mí también aquí.
Vamos, si quieres ir en dirección a tu casa, verás cómo todo sigue igual. Yo le conté a ella que existían esos papeles, pero que sólo tú podrías encontrarlos, la historia es tuya, nosotros sólo vinimos a ayudarte.
Me estaba derrumbando, se me empezaron a saltar las lágrimas e iba a comenzar a llorar. Ya si que era todo esto una pesadilla, no había dudas…
jueves, 24 de junio de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
CAPITULOS XVI y XVII El Patio de los Perdidos
YA SE ACERCA EL DESENLACE, ¿QUÉ ALUMNO DE 5ºA AYUDARÁ A NUESTRO PROTAGONISTA?
CAPITULO XVI
Saliendo de ese tema, otro momento donde se nos da pie a descargar tensiones es el cambio de hora, la delegada aunque intenta cumplir su rol lo mejor posible no consigue controlar el estado de sitio en el que se convierte la clase. Los más cercanos a la hiperactividad comienzan su guerra particular de balonazos, aunque se excusan diciendo que es para colocarlos bien y que no nos los quiten por la tarde los que entran a actividades extraescolares.
Algunos que están tonteando empiezan a insultar a algunas niñas, ellas se defienden y les llaman mil cosas, la delegada apunta en la pizarra a los niños, aunque deja a varios sin apuntar, entonces ya empezamos a quejarnos todos, en esa tesitura nos encuentra nuestro tutor, así que imaginaros como se pone. Nuestra clase está situada en la segunda planta de un edificio, así que los maestros que dan clase en los pórticos también, necesariamente, deben invertir algunos minutos en subir hasta nuestra aula y son esos momentos los que aprovechamos.
No ocurre todas las horas porque tenemos muchas horas seguidas con nuestro tutor pero vamos, se nota que esperamos ansiosamente esos descansos. Con las mismas ganas intentamos a diario, sobre todo en las últimas horas que estamos más cansados o aburridos, el viejo truco del servicio, del cuarto de baño, de beber agua, etc.
En mi clase hay verdaderos expertos, todo hay que decirlo. Eso es un arte como ellos dicen, como cualquier otro. Una especialidad, aunque también influyen muchas circunstancias. Si el maestro está explicando algo importante, si estamos en un control, si estamos corrigiendo unas actividades de clase, hay momentos en los que es claramente descabellado pedir permiso para ir al cuarto de baño, el No rotundo aparece en la frente del maestro sin ni siquiera hacer ademán de pedirlo. Muchos compañeros caen en el error de intentarlo. Es una situación graciosa, a pesar de que lo normal es levantar la mano para pedir permiso para alguna cosa, a veces, movidos por la necesidad nos levantamos de nuestra mesa y nos acercamos a la mesa del maestro. Como decía es graciosa porque nuestro tutor nos conoce mucho y algunos en el mismo momento que se están levantando así con cara rara, los mira y les dice:
Fulanito no puedes ir al cuarto de baño ahora, siéntate.
Y fulanito nos mira algo ruborizado, se sonríe como diciendo lo intenté y se sienta, los demás sonreímos básicamente porque sabemos de antemano que no era una necesidad real, simplemente las ganas de evadirse un poco de la clase y dejar de ver los componentes de la sangre, o las formas no personales de los verbos.
Los expertos son los que aprovechan cualquier situación, entra un maestro a comentarle algo a otro, se están repartiendo algunas informaciones para los padres, etc. En ese momento se acerca con cara de corderito a punto de ser degollado, a ese gesto en el rostro debe acompañarse una posición de manos especial, cercanas al vientre y un achinamiento considerable de los ojos, una vez cumplidas estas premisas, pedir con un tono bajo de voz al maestro:
¿Don Menganito puedo ir al cuarto de baño que no me puedo aguantar?
Casi siempre funciona, sobre todo como digo los expertos, en cada clase hay expertos de muchas cosas, en la mía, los del cuarto de baño son verdaderos profesionales.
CAPITULO XVII
Borja me dijo que se quedaría un rato descansando, que me vendría bien dar una vuelta solo, darle un poco al coco y sobre todo relajarme. Asentí con la cabeza y me dispuse a tomar la calle arriba, sin un camino concreto.
Al llegar a la altura de la Iglesia del barrio, contemplé una imagen insólita, estaba completamente solitaria, la confluencia de varias calles, ese pequeño jardín a modo de isla, que separa dos calles tan tradicionales, una por su devoción a la Virgen y otra por sus carnavales.
Así, a simple vista, parecía un desierto. Continúe en dirección al centro de la ciudad. No llevaría más de cinco minutos caminando, cuando de repente, me encontré con una muchacha de unos 17 o 18 años, iba tranquila bajando la calle que yo subía. Su rostro era risueño, era muy guapa y tenía el pelo rizado.
Todavía no había llegado a mi altura cuando ya estaba ruborizándome. Mis mejillas empezaban a ponerse a punto de ebullición. De un colorado dinamita. No podía superarlo. En circunstancias normales, no hubiese sido capaz de decirle ni hola, hubiese agachado la cabeza, con las orejas gachas y habría continuado mi camino. Pero… no podía perder esa oportunidad. Si todo esto era un sueño, como me contaba Borja, o no lo era. Si todo esto tenía algo que ver con el libro que empecé a leer, debía intentar resolverlo. Era la primera persona que me encontraba desde que vi a Borja y empezó a contarme todo.
Mi arrojo fue, diría yo, como el de los grandes toreros, mis mejillas estaban más rojas que el capote de cualquiera de ellos, centré mis ojos en su mirada y le dije:
-Perdona, ¿tú estudias en mi colegio? Al acabar de pronunciar la
frase caí en la cuenta de la estupidez de mi pregunta. No daba una, ¿qué pensaría la muchacha? ¡Este niño es tonto (y con razón)! No había preguntas en el mundo para comenzar una conversación con una chica que esa pregunta…Pensé: “como siempre, ¡qué desastre eres Vicente!, ¡qué desastre!”.
Entonces, la muchacha reaccionó extrañada, o eso me pareció por su mirada, aunque con una sonrisa (para mi angelical) contestó:
- ¿De tu colegio? no sé, ¿cuál es el tuyo?
Su pregunta era normal, si sólo un palurdo como yo puede preguntar semejante tontería, encima sin decirle el nombre del colegio. Le dije el nombre de mi colegio y ella no fue tan parca en palabras, se le notaba que era extrovertida, muy simpática, pues siempre sonreía cuando hablaba, y además extremadamente guapa. Lo tenía todo.
Yo, mientras, seguía ruborizado. Supongo que ella lo notaría, pero con gran delicadeza, ni me dijo nada, ni hizo ningún comentario alusivo al estado de mis mejillas.
-Como te decía, soy Miriam, estudio 4º de Eso en tu colegio, es cierto, y nada, aquí andando iba hacia allí, ¡fíjate qué curiosidad! He quedado con unos compañeros para hacer un trabajo.
-¿Cómo? -mi reacción no se hizo esperar-. No sabía si hablar con ella, pero no encontraba otra solución. ¿Te importa que nos sentemos y te cuente una cosa rápidamente? -estaba empezando a soltarme con las chicas, le estaba proponiendo casi una cita, ¡qué valor! ¡Cuando se lo contase a mis amigos¡
-Bueno, tengo algo de prisa, pero vamos, si no es mucho tiempo…Venga puedes contarme lo que quieras. Se te ve en la carilla que estás preocupado por algo. Arranca, ¡venga!
-Mira, Miriam… - no encontraba la manera de arrancar-, te puede parecer muy extraño e inverosímil todo lo que te voy a contar, pero necesito escuchar tu opinión. Debido a un libro de Literatura estoy metido en un problema. Podrás reírte pero es creíble. No sé como has aparecido tú por aquí. Yo me levanté el otro día, fui al colegio y en vez de colegio había un solar, luego han ido sucediendo cosas raras, he conocido a un chico llamado Borja. Me ha explicado que él también ha vivido esta experiencia y me ha hecho pensar. Creo que todo se debe a un libro que me dio mi profesor y no lo leí entero, lo dejé a medias. Ahora estoy muy “rallado” no sé que hacer, ni sé la manera de que todo vuelva a la normalidad. Te lo he resumido de la mejor manera posible. No sé que habrás entendido tú, Miriam.
-Bueno muchacho, no me has dicho tu nombre, ¿cómo te llamas?
-Vicente, Vicente Villar, perdona, los nervios y eso.
-Bien Vicente, te voy a ayudar pero tú también me debes ayudar a mí. Esto es muy sencillo, tú pones de tu parte y yo te resuelvo tu problema y te olvidas de esta locura que estás viviendo.
-Si de verdad me liberas de esto, hago lo que haga falta -te puede convencer cualquiera de muchas cosas, pero si la persona que te intenta convencer es una muchacha como Miriam, aceptas con los ojos cerrados, eso puedes tenerlo claro-. Bien, pero no me vas a decir que no hay explicación para toda esta maraña de cosas ¿verdad? ¿Tú no decías que ibas a hacer un trabajo con unos compañeros de clase?
-Y así era chico, pero se antepuso el secreto del libro de Don Ricardo.
-¿Cómo has dicho? ¿Conoces la historia, conoces a ese profesor y todo lo que me ha pasado?
-Lo que te ha pasado no sé, pero sí, la historia la conozco y te la resumo enseguida. Mira, atento, que te vas a quedar helado chaval. Aquí es todo como un puzzle verás que pronto te encajan todas las piezas. Todo empezó con Borja.
-¿También lo conoces?
-Desgraciadamente sí, dijo Miriam -fue la primera vez que no mantuvo esa sonrisa tan bonita después de hablar-. A lo que vamos chico, como te contaba, Borja estuvo a punto de repetir sexto curso. Quizá esto lo sepas pero es para aclararlo todo bien. Don Ricardo le dio el libro. Te ha engañado diciendo que salías tú. El libro hablaba de un chico, no recuerdo el nombre. Era un libro para aprender a apreciar la lectura, y saber que es importante sacar el curso adelante. Entonces, dejó el libro a medias. Es cierto, según veo, que no sé de que manera, ni explicación, llegó al colegio, convertido en solar. Allí estuvo un rato como te dijo, pero la manera de salir de allí, nuevamente es un camelo. Te volvió a mentir.
-¿Y cómo salió? -pregunté yo ya impaciente.
-Salió escribiendo en el libro que ayudaría a cualquier muchacho que le pasara lo que a él le había pasado. Eso viene en la parte final del libro. Él leyó el libro como te dijo y en las páginas finales, una vez acabado el libro, dentro de las recomendaciones del autor, viene un cuestionario. Lo rellenó y justo después, cuando se acercó a la calle, vio que todo había vuelto a la normalidad. Ese año acabo su curso, algo asustado por este acontecimiento, pero aprobando las asignaturas y pasando a Secundaria.
Ahora, tú has dejado el mismo libro a medias, y el secreto del libro de Don Ricardo, ha hecho lo demás. Has aparecido aquí, y Borja, para su sorpresa ha vuelto al mismo lugar en el que estuvo cuando tenía tu edad. El cuestionario instaba: “y si un muchacho está en tu misma situación, ¿lo ayudarías para que saliera de ella, serías capaz de explicarle tu experiencia, o pasarías de él y no le harías caso?”
Borja, contestó que sí. Así pues, cuando dejaste el libro a medias y viajaste hasta el solar, al poco tiempo, apareció él, para intentar hacerte comprender.
-Me dejas más tranquilo Miriam. Ahora todo empieza a tener su explicación. Pero… ¿tú que haces aquí, metida en todo esto? ¿Y si todo es tan fácil, digo yo qué…podrá llegar todo a la normalidad? ¿Tengo que esperar mucho?
-Pues chico, si te soy sincera, todo depende de si me ayudas. Como a veces en la vida, la gente se aprovecha de las cosas que se hacen por su bien, y buscan su interés. Borja te ha metido en un lío, y a mí también. Ahora hay que unirse para salir de aquí.
CAPITULO XVI
Saliendo de ese tema, otro momento donde se nos da pie a descargar tensiones es el cambio de hora, la delegada aunque intenta cumplir su rol lo mejor posible no consigue controlar el estado de sitio en el que se convierte la clase. Los más cercanos a la hiperactividad comienzan su guerra particular de balonazos, aunque se excusan diciendo que es para colocarlos bien y que no nos los quiten por la tarde los que entran a actividades extraescolares.
Algunos que están tonteando empiezan a insultar a algunas niñas, ellas se defienden y les llaman mil cosas, la delegada apunta en la pizarra a los niños, aunque deja a varios sin apuntar, entonces ya empezamos a quejarnos todos, en esa tesitura nos encuentra nuestro tutor, así que imaginaros como se pone. Nuestra clase está situada en la segunda planta de un edificio, así que los maestros que dan clase en los pórticos también, necesariamente, deben invertir algunos minutos en subir hasta nuestra aula y son esos momentos los que aprovechamos.
No ocurre todas las horas porque tenemos muchas horas seguidas con nuestro tutor pero vamos, se nota que esperamos ansiosamente esos descansos. Con las mismas ganas intentamos a diario, sobre todo en las últimas horas que estamos más cansados o aburridos, el viejo truco del servicio, del cuarto de baño, de beber agua, etc.
En mi clase hay verdaderos expertos, todo hay que decirlo. Eso es un arte como ellos dicen, como cualquier otro. Una especialidad, aunque también influyen muchas circunstancias. Si el maestro está explicando algo importante, si estamos en un control, si estamos corrigiendo unas actividades de clase, hay momentos en los que es claramente descabellado pedir permiso para ir al cuarto de baño, el No rotundo aparece en la frente del maestro sin ni siquiera hacer ademán de pedirlo. Muchos compañeros caen en el error de intentarlo. Es una situación graciosa, a pesar de que lo normal es levantar la mano para pedir permiso para alguna cosa, a veces, movidos por la necesidad nos levantamos de nuestra mesa y nos acercamos a la mesa del maestro. Como decía es graciosa porque nuestro tutor nos conoce mucho y algunos en el mismo momento que se están levantando así con cara rara, los mira y les dice:
Fulanito no puedes ir al cuarto de baño ahora, siéntate.
Y fulanito nos mira algo ruborizado, se sonríe como diciendo lo intenté y se sienta, los demás sonreímos básicamente porque sabemos de antemano que no era una necesidad real, simplemente las ganas de evadirse un poco de la clase y dejar de ver los componentes de la sangre, o las formas no personales de los verbos.
Los expertos son los que aprovechan cualquier situación, entra un maestro a comentarle algo a otro, se están repartiendo algunas informaciones para los padres, etc. En ese momento se acerca con cara de corderito a punto de ser degollado, a ese gesto en el rostro debe acompañarse una posición de manos especial, cercanas al vientre y un achinamiento considerable de los ojos, una vez cumplidas estas premisas, pedir con un tono bajo de voz al maestro:
¿Don Menganito puedo ir al cuarto de baño que no me puedo aguantar?
Casi siempre funciona, sobre todo como digo los expertos, en cada clase hay expertos de muchas cosas, en la mía, los del cuarto de baño son verdaderos profesionales.
CAPITULO XVII
Borja me dijo que se quedaría un rato descansando, que me vendría bien dar una vuelta solo, darle un poco al coco y sobre todo relajarme. Asentí con la cabeza y me dispuse a tomar la calle arriba, sin un camino concreto.
Al llegar a la altura de la Iglesia del barrio, contemplé una imagen insólita, estaba completamente solitaria, la confluencia de varias calles, ese pequeño jardín a modo de isla, que separa dos calles tan tradicionales, una por su devoción a la Virgen y otra por sus carnavales.
Así, a simple vista, parecía un desierto. Continúe en dirección al centro de la ciudad. No llevaría más de cinco minutos caminando, cuando de repente, me encontré con una muchacha de unos 17 o 18 años, iba tranquila bajando la calle que yo subía. Su rostro era risueño, era muy guapa y tenía el pelo rizado.
Todavía no había llegado a mi altura cuando ya estaba ruborizándome. Mis mejillas empezaban a ponerse a punto de ebullición. De un colorado dinamita. No podía superarlo. En circunstancias normales, no hubiese sido capaz de decirle ni hola, hubiese agachado la cabeza, con las orejas gachas y habría continuado mi camino. Pero… no podía perder esa oportunidad. Si todo esto era un sueño, como me contaba Borja, o no lo era. Si todo esto tenía algo que ver con el libro que empecé a leer, debía intentar resolverlo. Era la primera persona que me encontraba desde que vi a Borja y empezó a contarme todo.
Mi arrojo fue, diría yo, como el de los grandes toreros, mis mejillas estaban más rojas que el capote de cualquiera de ellos, centré mis ojos en su mirada y le dije:
-Perdona, ¿tú estudias en mi colegio? Al acabar de pronunciar la
frase caí en la cuenta de la estupidez de mi pregunta. No daba una, ¿qué pensaría la muchacha? ¡Este niño es tonto (y con razón)! No había preguntas en el mundo para comenzar una conversación con una chica que esa pregunta…Pensé: “como siempre, ¡qué desastre eres Vicente!, ¡qué desastre!”.
Entonces, la muchacha reaccionó extrañada, o eso me pareció por su mirada, aunque con una sonrisa (para mi angelical) contestó:
- ¿De tu colegio? no sé, ¿cuál es el tuyo?
Su pregunta era normal, si sólo un palurdo como yo puede preguntar semejante tontería, encima sin decirle el nombre del colegio. Le dije el nombre de mi colegio y ella no fue tan parca en palabras, se le notaba que era extrovertida, muy simpática, pues siempre sonreía cuando hablaba, y además extremadamente guapa. Lo tenía todo.
Yo, mientras, seguía ruborizado. Supongo que ella lo notaría, pero con gran delicadeza, ni me dijo nada, ni hizo ningún comentario alusivo al estado de mis mejillas.
-Como te decía, soy Miriam, estudio 4º de Eso en tu colegio, es cierto, y nada, aquí andando iba hacia allí, ¡fíjate qué curiosidad! He quedado con unos compañeros para hacer un trabajo.
-¿Cómo? -mi reacción no se hizo esperar-. No sabía si hablar con ella, pero no encontraba otra solución. ¿Te importa que nos sentemos y te cuente una cosa rápidamente? -estaba empezando a soltarme con las chicas, le estaba proponiendo casi una cita, ¡qué valor! ¡Cuando se lo contase a mis amigos¡
-Bueno, tengo algo de prisa, pero vamos, si no es mucho tiempo…Venga puedes contarme lo que quieras. Se te ve en la carilla que estás preocupado por algo. Arranca, ¡venga!
-Mira, Miriam… - no encontraba la manera de arrancar-, te puede parecer muy extraño e inverosímil todo lo que te voy a contar, pero necesito escuchar tu opinión. Debido a un libro de Literatura estoy metido en un problema. Podrás reírte pero es creíble. No sé como has aparecido tú por aquí. Yo me levanté el otro día, fui al colegio y en vez de colegio había un solar, luego han ido sucediendo cosas raras, he conocido a un chico llamado Borja. Me ha explicado que él también ha vivido esta experiencia y me ha hecho pensar. Creo que todo se debe a un libro que me dio mi profesor y no lo leí entero, lo dejé a medias. Ahora estoy muy “rallado” no sé que hacer, ni sé la manera de que todo vuelva a la normalidad. Te lo he resumido de la mejor manera posible. No sé que habrás entendido tú, Miriam.
-Bueno muchacho, no me has dicho tu nombre, ¿cómo te llamas?
-Vicente, Vicente Villar, perdona, los nervios y eso.
-Bien Vicente, te voy a ayudar pero tú también me debes ayudar a mí. Esto es muy sencillo, tú pones de tu parte y yo te resuelvo tu problema y te olvidas de esta locura que estás viviendo.
-Si de verdad me liberas de esto, hago lo que haga falta -te puede convencer cualquiera de muchas cosas, pero si la persona que te intenta convencer es una muchacha como Miriam, aceptas con los ojos cerrados, eso puedes tenerlo claro-. Bien, pero no me vas a decir que no hay explicación para toda esta maraña de cosas ¿verdad? ¿Tú no decías que ibas a hacer un trabajo con unos compañeros de clase?
-Y así era chico, pero se antepuso el secreto del libro de Don Ricardo.
-¿Cómo has dicho? ¿Conoces la historia, conoces a ese profesor y todo lo que me ha pasado?
-Lo que te ha pasado no sé, pero sí, la historia la conozco y te la resumo enseguida. Mira, atento, que te vas a quedar helado chaval. Aquí es todo como un puzzle verás que pronto te encajan todas las piezas. Todo empezó con Borja.
-¿También lo conoces?
-Desgraciadamente sí, dijo Miriam -fue la primera vez que no mantuvo esa sonrisa tan bonita después de hablar-. A lo que vamos chico, como te contaba, Borja estuvo a punto de repetir sexto curso. Quizá esto lo sepas pero es para aclararlo todo bien. Don Ricardo le dio el libro. Te ha engañado diciendo que salías tú. El libro hablaba de un chico, no recuerdo el nombre. Era un libro para aprender a apreciar la lectura, y saber que es importante sacar el curso adelante. Entonces, dejó el libro a medias. Es cierto, según veo, que no sé de que manera, ni explicación, llegó al colegio, convertido en solar. Allí estuvo un rato como te dijo, pero la manera de salir de allí, nuevamente es un camelo. Te volvió a mentir.
-¿Y cómo salió? -pregunté yo ya impaciente.
-Salió escribiendo en el libro que ayudaría a cualquier muchacho que le pasara lo que a él le había pasado. Eso viene en la parte final del libro. Él leyó el libro como te dijo y en las páginas finales, una vez acabado el libro, dentro de las recomendaciones del autor, viene un cuestionario. Lo rellenó y justo después, cuando se acercó a la calle, vio que todo había vuelto a la normalidad. Ese año acabo su curso, algo asustado por este acontecimiento, pero aprobando las asignaturas y pasando a Secundaria.
Ahora, tú has dejado el mismo libro a medias, y el secreto del libro de Don Ricardo, ha hecho lo demás. Has aparecido aquí, y Borja, para su sorpresa ha vuelto al mismo lugar en el que estuvo cuando tenía tu edad. El cuestionario instaba: “y si un muchacho está en tu misma situación, ¿lo ayudarías para que saliera de ella, serías capaz de explicarle tu experiencia, o pasarías de él y no le harías caso?”
Borja, contestó que sí. Así pues, cuando dejaste el libro a medias y viajaste hasta el solar, al poco tiempo, apareció él, para intentar hacerte comprender.
-Me dejas más tranquilo Miriam. Ahora todo empieza a tener su explicación. Pero… ¿tú que haces aquí, metida en todo esto? ¿Y si todo es tan fácil, digo yo qué…podrá llegar todo a la normalidad? ¿Tengo que esperar mucho?
-Pues chico, si te soy sincera, todo depende de si me ayudas. Como a veces en la vida, la gente se aprovecha de las cosas que se hacen por su bien, y buscan su interés. Borja te ha metido en un lío, y a mí también. Ahora hay que unirse para salir de aquí.
viernes, 21 de mayo de 2010
TAREAS VIERNES 21 DE MAYO
Conocimiento del medio: Resumen página 197. Estudiar para el control, actividades de repaso 1,2,3,4 y 7 página 199.
Lengua: ejercicio 7 página 204. Estudiar verbos, estudiar para el control.
Matemáticas: ejercicio 15 página 187. Resumen de la página 187. Ejercicios de repaso 6 y 11 página 189.
Buen fin de semana y buen trabajo.
Lengua: ejercicio 7 página 204. Estudiar verbos, estudiar para el control.
Matemáticas: ejercicio 15 página 187. Resumen de la página 187. Ejercicios de repaso 6 y 11 página 189.
Buen fin de semana y buen trabajo.
jueves, 20 de mayo de 2010
TAREAS JUEVES 20/05/2010
Lengua: ejercicios 4,5 y 6 página 204 y estudiar verbos. También repasar la teoría de todo el tema - La semana que viene el martes tendremos el control.
Matemáticas:Resumen de el giro y la traslación página 186 y ejercicio 12. También cada uno tiene ejercicios según le haya salido el minutero. Sobre todo repasar el cálculo.
El control será el próximo miércoles.
Conocimiento del Medio: Resumen de las páginas 194,195 y 196, repasar todo lo anterior ya que hoy al final no ha habido minutero. El control será el próximo miércoles.
No olvidéis estudiar 1 hora cada día. Buena tarde y buen trabajo.
Matemáticas:Resumen de el giro y la traslación página 186 y ejercicio 12. También cada uno tiene ejercicios según le haya salido el minutero. Sobre todo repasar el cálculo.
El control será el próximo miércoles.
Conocimiento del Medio: Resumen de las páginas 194,195 y 196, repasar todo lo anterior ya que hoy al final no ha habido minutero. El control será el próximo miércoles.
No olvidéis estudiar 1 hora cada día. Buena tarde y buen trabajo.
miércoles, 19 de mayo de 2010
EL PATIO DE LOS PERDIDOS CAPITULO XIV y XV
CAPITULO XIV
Hablaros de cómo estamos en clase es bastante fácil, supongo que todos habéis pasado por estos momentos. Hay una gran variedad, los maestros piensan que se dan cuenta de todo, nosotros a veces les hacemos creer que sí, sobre todo por el bien de la clase, es fundamental la discreción, aunque ese concepto algunos no consiguen tenerlo claro, son a los que vulgarmente se les conoce como chivatos. En mi clase no hay muchos pero de vez en cuando aparecen y toman la palabra, afortunadamente casi todos nuestros maestros los conocen y no confían ciegamente en ellos.
Ahora que están los maestros de prácticas es más complicado el tráfico de papelitos, ese mercado es único y exclusivo de las niñas, nosotros esporádicamente participamos, unos más que otros pero normalmente tomamos el papel de meros correos, es decir, manos ágiles que llevan la mercancía de un lugar a otro de la clase. Como os decía, ahora es más complicado, aunque paralelamente a ese mercado también toma fuerza el lanzamiento de gomas, bolígrafos, tizas, etc. Práctica antigua y habitual en toda clase que se precie.
En estas semanas, con tres maestros dentro del aula es difícil todo este tipo de entretenimiento, salvo que nuestro tutor, que está organizando el viaje de fin de curso, se ausente de clase, entonces toman fuerza nuevamente nuestros entretenimientos, pues aunque no deberíamos aprovecharnos tanto, los maestros de prácticas no nos riñen tanto y si lo hacen muchos de mis compañeros no le hacen mucho caso.
CAPÍTULO XV
-Me quedé unos minutos dando vueltas por el salón, me acerqué a la cocina a beber un poco de agua. Había sido una situación algo comprometida (aunque mucha gente pueda pensar lo contrario). Cada uno tiene una forma de ser, yo soy tímido por naturaleza y estaba aprendiendo a aceptarlo.
Cuando volvía de la cocina, recordé que había dejado algo pendiente. ¡El libro!... el libro estaba encima del escritorio, con un separador que me regaló un compañero de clase, abierto por las primeras páginas. Llegué a la habitación y me quedé mirando al libro. Me llegaron a la memoria las palabras de Don Ricardo, cómo me había dicho, por activa y por pasiva, que por nada del mundo dejara el libro a medias.
Sólo habían sido diez minutos, no creo que fuese para tanto, me decía a mí mismo, pero no acababa de tener tranquila la conciencia, siendo sincero, no había cumplido lo que me dijo.
Cuando aún estaba dudando entre seguir el libro o dejarlo para más adelante (ya que había desobedecido al profesor, darían igual unos minutos, que unas horas, me consolaba con esta reflexión movido por la pereza). Me encontraba en la disyuntiva de dejar el libro o continuar la historia del chico de sexto de primaria.
-Y elegiste dejarlo, ¿me equivoco? –saltando como un resorte, le pregunté a Borja.
-Efectivamente, Vicente, esta vez acertaste. Pero me ayudó a tomar la decisión una circunstancia concreta. Mi madre se acercó a mi habitación y me dijo: "Venga, Borja, ve vistiéndote que nos vamos". ¿Nos vamos?, pregunté yo alucinando. "Claro hijo mío, ¿no te pregunté la semana pasada qué día te venía mejor para ir a comprar la ropa de la boda de tu primo? Tú me dijiste, que el lunes, que los martes no tenías casi nunca controles", insistió mi madre.
Yo odiaba ir a comprar ropa, eso de probarme tantas cosas, y tantas veces. Estaba deseando que mi madre me dejara ir sólo a comprarme la ropa y no tener que esperar tanto tiempo. Me cansaba, siempre decía que si me gustaba tal pantalón, tal camisa, que me los probase bien, una talla, otra, otra, y si protestaba, peor todavía, era infernal.
Una de las cosas que menos me gustaban hacer, ir a las tiendas. Pero no había manera de escapar" Así que, el libro, definitivamente, se quedó por las primeras páginas, abierto, esperando mi llegada. Allí, familiarizándose con los demás objetos del escritorio: el estuche del colegio, el mp3 y las cartas de los fichajes de la Liga.
Llegué ya tarde a casa, me duché, cené y a la cama. Concilié fácilmente el sueño, para nada pensé en el libro ya, ni siquiera en las consecuencias negativas que me había advertido Don Ricardo.
Cuando desperté, me encontré una situación surrealista, por ponerle un calificativo. No desperté en la cama, abrí los ojos y comprobé que estaba apoyado en la pared de un solar. Pude distinguir, antes de frotarme los ojos, que se trataba de nuestro colegio. En un primer momento, pensé que era una pesadilla, la ropa que llevaba puesta era la misma que llevaba esa tarde, cuando estaba leyendo el libro.
Parecía cómo si hubiese dormido apoyando la cabeza en la parte más lejana del solar, en la pared más alejada del campo de arena. No conseguía despertar, incluso me di unas "tortitas" en la cara a ver si conseguía salir de mi asombro, imposible, fueron unos momentos dramáticos, una sensación de agobio impresionante.
No sabía como reaccionar, para más sorpresa, al levantarme del suelo, me percaté que llevaba algo en el bolsillo de atrás del vaquero. Lo saqué y te imaginas lo que era Vicente…
-¡El libro, el libro, el libro!!! -grité desenfrenado.
-Bien, muy bien -contestó Borja, con una tranquilidad pasmosa, como si estuviese esperando mi respuesta-. Efectivamente, cogí el libro, sumido aún en el desconcierto, me puse a caminar hacia la calle, había comprendido rápidamente que el solar del libro, coincidía en su descripción con el solar que, existía, en ausencia de nuestro colegio.
No había dado más de cuatro pasos, cuando abrí el libro por la primera página. No puedes imaginar lo que leí. Comenzaba diciendo:
"No tengo problema en presentarme, soy Borja, tengo 12 años y estudio sexto de primaria…"
Sólo pude leer esa frase, cerré el libro de la misma manera que cierras la puerta a un extraño, eran sentimientos que nunca había vivido. Miedo, terror, ¡no sabes lo mal que lo pasé!
Me guardé el libro en el bolsillo de atrás del vaquero, salí corriendo, espantado, de esa zona del solar. Llegué a la calle, la carretera, desde la acera intenté divisar la presencia de alguna persona. Nada de nada. Ni un alma, sería la hora de entrada al colegio, más o menos sobre las nueve de la mañana. No es que esta zona sea céntrica, pero siempre hay mucho movimiento de personas, coches, comercios, bares, etc. Pues nadie, nadie a quién preguntarle, eso me hizo sopesar y volver a darle bastante fuerza a la idea de que todo era producto de un sueño, un sueño bastante disparatado.
Una vez llegado a este punto, la curiosidad se adueñó de mí. Visto lo visto, no podía buscar más allá de lo que tenía cerca. Así que, ni corto ni perezoso, me volví a adentrar en el solar. Me senté en el suelo, saqué el libro, y comencé a leer.
Era sorprendente. Estaba leyendo y me "bebía" literalmente las páginas, eran cincuenta, pero me parecieron muchísimas menos.
Aunque lo más sorprendente no fue eso, sino que la historia del libro, ¡era mi propia historia! Mi vida llevada a un texto. Hablaba en primera persona e iba desgranando, con todo lujo de detalles, todas mis inquietudes, mis sueños, mis defectos, mis complejos, etc.
Una gran parte de la historia se basaba en mi situación escolar. Pero sobrepasaba al presente. En el momento que empezaba a describir mis problemas escolares, mis notas académicas, continuaba el libro hablando sobre mi futuro. Esa parte era la que más me atraía. Según el personaje, Borja, es decir, yo mismo, gracias a la lectura, superaba el curso, pasaba a Secundaria. Aunque esa parte, que era la parte final del libro, no estaba muy bien desarrollada. Se limitaba a decir que, gracias a la fuerza de voluntad del chico, y al descubrimiento del valor de la lectura, alcanzaba todos los objetivos del curso, sus profesores acababan muy contentos con él, sus padres y su familia también, y lo mejor de todo, él se sentía muy feliz y orgulloso de su progreso. ¿Qué te parece, Vicente?- me preguntó Borja.
-¿Qué quieres que te diga? -contesté yo-. Me dejas de piedra, pero no me puedes dejar así, continúa, por favor.
-Veo que ya estás cambiando chico, ese espíritu indomable de adelantarte a los acontecimientos y a lo que se te cuenta, estás encauzándolo, vas por buen camino. Pues bien, pudo haber pasado una hora, quizá algo más, pero para mí fueron pocos minutos, era la primera vez que me entusiasmaba de esa forma por un libro (es de recibo decir, que se trataba de mi vida, era obvio, pero el entusiasmo leyendo existía, y nunca había hecho acto de presencia en otras ocasiones).
Cuando estaba concluyendo la lectura del libro, quedaba una página en blanco para finalizarlo, el texto hablaba sobre cómo había podido salir Borja de la situación que se encontraba, era una especie de conclusión o de agradecimiento por todo lo bueno que le había sucedido, pasé página y… la última página estaba en blanco.
No me lo podía creer, la única esperanza que tenía, o eso creía en un primer momento, la esperanza de que el libro me diese alguna solución, de que me ofreciera algo con sentido en todo esto, se disipaba.
No puedo explicarte cómo llegó a mis manos, supongo que igual que el libro llegó a mi bolsillo, sin explicación alguna, al notar un pequeño objeto, en uno de los bolsillos delanteros del pantalón, se me encendió la bombilla, la luz llegó como por arte de magia, la imaginación, normalmente de vacaciones cuando estoy en clase, acampó en mi cerebro.
-No te entiendo, Borja –mi interrupción no se debió a la impaciencia, sino a que no comprendía lo que me quería explicar Borja.
-Perdona Vicente -me dijo-, me estoy dejando llevar y puedo estar liándote un poco, te lo aclararé. Fue una idea ingenua, propia de un niño, pero… ¡bendita ingenuidad! Saqué el bolígrafo que llevaba en el bolsillo.
Sin dilación, comencé con naturalidad a escribir la página en blanco. En el fondo, pensé, el libro era sobre mí pues, ¿quién mejor que yo para acabarlo?
No sabía si todo esto era un sueño o no, no me quedaba del todo claro todavía, así que, para curarme en salud, escribí lo siguiente en el libro:
"Y agradezco principalmente a mi profesor de Lengua, Don Ricardo, que me prestase un libro, me ayudó muchísimo. Consiguió, (ahí empezó mi historia, mi mentirijilla, mi llave para volver a la vida diaria) que por mi cabeza asomaran cantidad de ideas sobre la lectura, hasta soñé que mi colegio se convertía en un solar, que me encontraba sin nadie, como perdido, pero gracias a Dios sólo fue un sueño, un sueño que me hizo caer en la cuenta de que la lectura, debe ser muy importante en la vida de las personas, que solamente hay que saber dejarse llevar, acercarse a un libro como si contase nuestra propia historia.
Así he aprendido a valorar la lectura, y ese ha sido el gran secreto que me ha hecho poder sacar mi curso y progresar en mi colegio. Fin."
-¿Cómo? -solté yo-. No era una pregunta, más bien era el asombro el que me hacía preguntar, porque había escuchado perfectamente lo que me había contado Borja.
-Pues lo que te cuento -afirmó Borja-. Hasta hace poco tiempo, todavía me planteaba, si había sido un sueño, un sueño dentro de un sueño, algo rocambolesco, o si era cierto, si en verdad lo que me había sucedido, del libro, del colegio y todo lo demás, pertenecía a la realidad.
Pero estando nuevamente aquí, me da que pensar. Más bien, me atrevería a decir que no fue un sueño, digo yo. No sé, nada es imposible, eso es lo único que tengo claro.
CONTINUARÁ...
Hablaros de cómo estamos en clase es bastante fácil, supongo que todos habéis pasado por estos momentos. Hay una gran variedad, los maestros piensan que se dan cuenta de todo, nosotros a veces les hacemos creer que sí, sobre todo por el bien de la clase, es fundamental la discreción, aunque ese concepto algunos no consiguen tenerlo claro, son a los que vulgarmente se les conoce como chivatos. En mi clase no hay muchos pero de vez en cuando aparecen y toman la palabra, afortunadamente casi todos nuestros maestros los conocen y no confían ciegamente en ellos.
Ahora que están los maestros de prácticas es más complicado el tráfico de papelitos, ese mercado es único y exclusivo de las niñas, nosotros esporádicamente participamos, unos más que otros pero normalmente tomamos el papel de meros correos, es decir, manos ágiles que llevan la mercancía de un lugar a otro de la clase. Como os decía, ahora es más complicado, aunque paralelamente a ese mercado también toma fuerza el lanzamiento de gomas, bolígrafos, tizas, etc. Práctica antigua y habitual en toda clase que se precie.
En estas semanas, con tres maestros dentro del aula es difícil todo este tipo de entretenimiento, salvo que nuestro tutor, que está organizando el viaje de fin de curso, se ausente de clase, entonces toman fuerza nuevamente nuestros entretenimientos, pues aunque no deberíamos aprovecharnos tanto, los maestros de prácticas no nos riñen tanto y si lo hacen muchos de mis compañeros no le hacen mucho caso.
CAPÍTULO XV
-Me quedé unos minutos dando vueltas por el salón, me acerqué a la cocina a beber un poco de agua. Había sido una situación algo comprometida (aunque mucha gente pueda pensar lo contrario). Cada uno tiene una forma de ser, yo soy tímido por naturaleza y estaba aprendiendo a aceptarlo.
Cuando volvía de la cocina, recordé que había dejado algo pendiente. ¡El libro!... el libro estaba encima del escritorio, con un separador que me regaló un compañero de clase, abierto por las primeras páginas. Llegué a la habitación y me quedé mirando al libro. Me llegaron a la memoria las palabras de Don Ricardo, cómo me había dicho, por activa y por pasiva, que por nada del mundo dejara el libro a medias.
Sólo habían sido diez minutos, no creo que fuese para tanto, me decía a mí mismo, pero no acababa de tener tranquila la conciencia, siendo sincero, no había cumplido lo que me dijo.
Cuando aún estaba dudando entre seguir el libro o dejarlo para más adelante (ya que había desobedecido al profesor, darían igual unos minutos, que unas horas, me consolaba con esta reflexión movido por la pereza). Me encontraba en la disyuntiva de dejar el libro o continuar la historia del chico de sexto de primaria.
-Y elegiste dejarlo, ¿me equivoco? –saltando como un resorte, le pregunté a Borja.
-Efectivamente, Vicente, esta vez acertaste. Pero me ayudó a tomar la decisión una circunstancia concreta. Mi madre se acercó a mi habitación y me dijo: "Venga, Borja, ve vistiéndote que nos vamos". ¿Nos vamos?, pregunté yo alucinando. "Claro hijo mío, ¿no te pregunté la semana pasada qué día te venía mejor para ir a comprar la ropa de la boda de tu primo? Tú me dijiste, que el lunes, que los martes no tenías casi nunca controles", insistió mi madre.
Yo odiaba ir a comprar ropa, eso de probarme tantas cosas, y tantas veces. Estaba deseando que mi madre me dejara ir sólo a comprarme la ropa y no tener que esperar tanto tiempo. Me cansaba, siempre decía que si me gustaba tal pantalón, tal camisa, que me los probase bien, una talla, otra, otra, y si protestaba, peor todavía, era infernal.
Una de las cosas que menos me gustaban hacer, ir a las tiendas. Pero no había manera de escapar" Así que, el libro, definitivamente, se quedó por las primeras páginas, abierto, esperando mi llegada. Allí, familiarizándose con los demás objetos del escritorio: el estuche del colegio, el mp3 y las cartas de los fichajes de la Liga.
Llegué ya tarde a casa, me duché, cené y a la cama. Concilié fácilmente el sueño, para nada pensé en el libro ya, ni siquiera en las consecuencias negativas que me había advertido Don Ricardo.
Cuando desperté, me encontré una situación surrealista, por ponerle un calificativo. No desperté en la cama, abrí los ojos y comprobé que estaba apoyado en la pared de un solar. Pude distinguir, antes de frotarme los ojos, que se trataba de nuestro colegio. En un primer momento, pensé que era una pesadilla, la ropa que llevaba puesta era la misma que llevaba esa tarde, cuando estaba leyendo el libro.
Parecía cómo si hubiese dormido apoyando la cabeza en la parte más lejana del solar, en la pared más alejada del campo de arena. No conseguía despertar, incluso me di unas "tortitas" en la cara a ver si conseguía salir de mi asombro, imposible, fueron unos momentos dramáticos, una sensación de agobio impresionante.
No sabía como reaccionar, para más sorpresa, al levantarme del suelo, me percaté que llevaba algo en el bolsillo de atrás del vaquero. Lo saqué y te imaginas lo que era Vicente…
-¡El libro, el libro, el libro!!! -grité desenfrenado.
-Bien, muy bien -contestó Borja, con una tranquilidad pasmosa, como si estuviese esperando mi respuesta-. Efectivamente, cogí el libro, sumido aún en el desconcierto, me puse a caminar hacia la calle, había comprendido rápidamente que el solar del libro, coincidía en su descripción con el solar que, existía, en ausencia de nuestro colegio.
No había dado más de cuatro pasos, cuando abrí el libro por la primera página. No puedes imaginar lo que leí. Comenzaba diciendo:
"No tengo problema en presentarme, soy Borja, tengo 12 años y estudio sexto de primaria…"
Sólo pude leer esa frase, cerré el libro de la misma manera que cierras la puerta a un extraño, eran sentimientos que nunca había vivido. Miedo, terror, ¡no sabes lo mal que lo pasé!
Me guardé el libro en el bolsillo de atrás del vaquero, salí corriendo, espantado, de esa zona del solar. Llegué a la calle, la carretera, desde la acera intenté divisar la presencia de alguna persona. Nada de nada. Ni un alma, sería la hora de entrada al colegio, más o menos sobre las nueve de la mañana. No es que esta zona sea céntrica, pero siempre hay mucho movimiento de personas, coches, comercios, bares, etc. Pues nadie, nadie a quién preguntarle, eso me hizo sopesar y volver a darle bastante fuerza a la idea de que todo era producto de un sueño, un sueño bastante disparatado.
Una vez llegado a este punto, la curiosidad se adueñó de mí. Visto lo visto, no podía buscar más allá de lo que tenía cerca. Así que, ni corto ni perezoso, me volví a adentrar en el solar. Me senté en el suelo, saqué el libro, y comencé a leer.
Era sorprendente. Estaba leyendo y me "bebía" literalmente las páginas, eran cincuenta, pero me parecieron muchísimas menos.
Aunque lo más sorprendente no fue eso, sino que la historia del libro, ¡era mi propia historia! Mi vida llevada a un texto. Hablaba en primera persona e iba desgranando, con todo lujo de detalles, todas mis inquietudes, mis sueños, mis defectos, mis complejos, etc.
Una gran parte de la historia se basaba en mi situación escolar. Pero sobrepasaba al presente. En el momento que empezaba a describir mis problemas escolares, mis notas académicas, continuaba el libro hablando sobre mi futuro. Esa parte era la que más me atraía. Según el personaje, Borja, es decir, yo mismo, gracias a la lectura, superaba el curso, pasaba a Secundaria. Aunque esa parte, que era la parte final del libro, no estaba muy bien desarrollada. Se limitaba a decir que, gracias a la fuerza de voluntad del chico, y al descubrimiento del valor de la lectura, alcanzaba todos los objetivos del curso, sus profesores acababan muy contentos con él, sus padres y su familia también, y lo mejor de todo, él se sentía muy feliz y orgulloso de su progreso. ¿Qué te parece, Vicente?- me preguntó Borja.
-¿Qué quieres que te diga? -contesté yo-. Me dejas de piedra, pero no me puedes dejar así, continúa, por favor.
-Veo que ya estás cambiando chico, ese espíritu indomable de adelantarte a los acontecimientos y a lo que se te cuenta, estás encauzándolo, vas por buen camino. Pues bien, pudo haber pasado una hora, quizá algo más, pero para mí fueron pocos minutos, era la primera vez que me entusiasmaba de esa forma por un libro (es de recibo decir, que se trataba de mi vida, era obvio, pero el entusiasmo leyendo existía, y nunca había hecho acto de presencia en otras ocasiones).
Cuando estaba concluyendo la lectura del libro, quedaba una página en blanco para finalizarlo, el texto hablaba sobre cómo había podido salir Borja de la situación que se encontraba, era una especie de conclusión o de agradecimiento por todo lo bueno que le había sucedido, pasé página y… la última página estaba en blanco.
No me lo podía creer, la única esperanza que tenía, o eso creía en un primer momento, la esperanza de que el libro me diese alguna solución, de que me ofreciera algo con sentido en todo esto, se disipaba.
No puedo explicarte cómo llegó a mis manos, supongo que igual que el libro llegó a mi bolsillo, sin explicación alguna, al notar un pequeño objeto, en uno de los bolsillos delanteros del pantalón, se me encendió la bombilla, la luz llegó como por arte de magia, la imaginación, normalmente de vacaciones cuando estoy en clase, acampó en mi cerebro.
-No te entiendo, Borja –mi interrupción no se debió a la impaciencia, sino a que no comprendía lo que me quería explicar Borja.
-Perdona Vicente -me dijo-, me estoy dejando llevar y puedo estar liándote un poco, te lo aclararé. Fue una idea ingenua, propia de un niño, pero… ¡bendita ingenuidad! Saqué el bolígrafo que llevaba en el bolsillo.
Sin dilación, comencé con naturalidad a escribir la página en blanco. En el fondo, pensé, el libro era sobre mí pues, ¿quién mejor que yo para acabarlo?
No sabía si todo esto era un sueño o no, no me quedaba del todo claro todavía, así que, para curarme en salud, escribí lo siguiente en el libro:
"Y agradezco principalmente a mi profesor de Lengua, Don Ricardo, que me prestase un libro, me ayudó muchísimo. Consiguió, (ahí empezó mi historia, mi mentirijilla, mi llave para volver a la vida diaria) que por mi cabeza asomaran cantidad de ideas sobre la lectura, hasta soñé que mi colegio se convertía en un solar, que me encontraba sin nadie, como perdido, pero gracias a Dios sólo fue un sueño, un sueño que me hizo caer en la cuenta de que la lectura, debe ser muy importante en la vida de las personas, que solamente hay que saber dejarse llevar, acercarse a un libro como si contase nuestra propia historia.
Así he aprendido a valorar la lectura, y ese ha sido el gran secreto que me ha hecho poder sacar mi curso y progresar en mi colegio. Fin."
-¿Cómo? -solté yo-. No era una pregunta, más bien era el asombro el que me hacía preguntar, porque había escuchado perfectamente lo que me había contado Borja.
-Pues lo que te cuento -afirmó Borja-. Hasta hace poco tiempo, todavía me planteaba, si había sido un sueño, un sueño dentro de un sueño, algo rocambolesco, o si era cierto, si en verdad lo que me había sucedido, del libro, del colegio y todo lo demás, pertenecía a la realidad.
Pero estando nuevamente aquí, me da que pensar. Más bien, me atrevería a decir que no fue un sueño, digo yo. No sé, nada es imposible, eso es lo único que tengo claro.
CONTINUARÁ...
TENEMOS QUE SEGUIR UN POCO MÁS (1 HORA DE ESTUDIO)
Lengua: ejercicio 2 página 204.
Resumen de los parlamentos y actividad que cada uno seleccione.
Estudiar verbos cada uno según le corresponda.
Estudiar todo lo anterior prepararlo bien antes del control.
Matemáticas:
Ejemplos de simetría y resumen de Simetría.
Ejercicios 10 y 11 página 185. Repasar tema anterior áreas y perímetros.
Conocimiento del Medio:
Leer bien páginas 194 y 195, estudiar todo lo anterior para minutero.
Buena tarde y buen trabajo.
Resumen de los parlamentos y actividad que cada uno seleccione.
Estudiar verbos cada uno según le corresponda.
Estudiar todo lo anterior prepararlo bien antes del control.
Matemáticas:
Ejemplos de simetría y resumen de Simetría.
Ejercicios 10 y 11 página 185. Repasar tema anterior áreas y perímetros.
Conocimiento del Medio:
Leer bien páginas 194 y 195, estudiar todo lo anterior para minutero.
Buena tarde y buen trabajo.
martes, 18 de mayo de 2010
Martes 18/05/2010
Matemáticas: Para los que no hayan superado el minutero resumen completo de la página 184. y para todos los demás incluido estos últimos ejercicios 8 y 9 de la página 184. Los ejercicios o cálculo pendientes de otros controles ya se han escrito en la pizarra.
Lengua: Ejercicios 1 y 8 de la página 204. Estudio de todo lo anterior. Y leer página 202 y 203 Los parlamentos.
Conocimiento del Medio: Estudiar para el minutero de mañana y leer Arte rupestre y monumentos megalíticos.
Buen trabajo y buena tarde.
Lengua: Ejercicios 1 y 8 de la página 204. Estudio de todo lo anterior. Y leer página 202 y 203 Los parlamentos.
Conocimiento del Medio: Estudiar para el minutero de mañana y leer Arte rupestre y monumentos megalíticos.
Buen trabajo y buena tarde.
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